José Félix Fuenmayor fue un importante escritor Colombiano, a sus 25 años publicó un libro de
versos llamado Musa del trópico. Fuenmayor fundó el periódico El Liberal, el lo dirigió durante varios años. También público La novela Cosme y Una triste aventura de catorce sabios en 1928. Desde 1940, se reunía con escritores, pintores, artistas en un bar llamado La Cueva, ahí se reunían para hablar de libros y decir sus puntos de vista y tomarse unos tragos. En 1967 aparece su libro La muerte en la calle.Así lo define el escritor Alvaro Cepeda Samudio:
"Frente a Don José Félix siempre tuve la sensación de que era más joven que yo. Más joven que todos nosotros: que García Márquez, que Alejandro Obregón, que Germán Vargas, que Juanbecito Fernández, que Quique Scopell, y más joven que su propio hijo Alfonso Fuenmayor.
Al principio fastidiaba un poco el salir a las cuatro y media del Colegio Americano, bajar hasta la Calle San Blas, tirar los textos de literatura sobre una mesa del Café Colombia, ver llegar a don José Félix con su papelera negra y su sombrero blando y descubrir, otra vez asombrado, otra vez desconcertado, que el viejo sabía más que yo, que era más liberal que yo, que sus ideas iban mucho más lejos que las mías y, sobre todo, que resultaba siempre más joven que yo....
...Don José Félix fue, antes que nada, un periodista. Un gran periodista. Y de allí salió el escritor, el gran escritor; de ser periodista, de la avidez constante por escarbar y descubrir lo que hay detrás del hecho diario, del constante contacto con esta cosa tan grandiosa y tonta que es el hombre viviendo su diaria vida; de ser periodista, totalmente periodista, le vino a don José Félix su gran capacidad de ser joven, que es lo mismo que entenderlo todo."
Un fragmento de una de sus obras más reconocidas llamada La Muerte en la Calle:
"Una vez tuve un problema de mucha plata. Llegué por la nochecita a la casa de un caballerazo a quien le tocaba y lo encontré en la terraza, donde estaba en reunión con mujeres y todo. Le dije: "Caballerazo, échese ahí tres, o cinco, o siete, o diez". Entonces otro caballerazo que estaba allí sentado se levantó y se me puso al frente y me dijo que repitiera lo que había di
cho. Yo repetí. Me dijo que le explicara lo que yo quería decir con eso, y yo le expliqué, largo. Porque a mí me gusta hablar de las cosas mías y es de lo único de que hablo; porque en mis cosas veía siempre la mano de Dios. Cuando me encuentro a una persona que le pone interés a mis asuntos, hablo; pero es muy raro que la encuentre, como aquel caballerazo. Entonces me la paso callado. A mí me ven pasar, como mudo, y la gente pensará que a mí no me gusta hablar; pero no es así, es lo contrario, porque yo estoy siempre hablando, hablando conmigo mismo. Bueno: y aquel caballerazo me tendió delante de los ojos cinco pesos. Yo le veía el billetón en la mano. "Caballerazo, es de quinientos" le dije, para que se fijara, si era que se había equivocado. "Sí, tómalo" me dijo. Lo cogí, qué caray, y me despedí."